Lo que se estrena

15/1/2021


15/1/20

Me bajo del autobús en la avenida, junto al hospital, y, para variar mi ruta habitual, cruzo al paseo marítimo, pese a la evidencia de que a esta hora del día es el camino más desprotegido del frío y los elementos. No ha salido el sol, pero ya el cielo se ha teñido de una claridad polarizada, de un azul eléctrico, que anticipa la plena luz del día, pero que todavía no es lo bastante intensa como para anular el resplandor de las farolas, que siguen encendidas (creo que las apagan a las ocho en punto). Tienen estas farolas forma de fanales de barco colgados del correspondiente mástil: ambos, farol y soporte, están pintados de blanco. A plena luz del día, la pintura transparenta el óxido y aparece chorreada de herrumbre y suciedad; pero, a esta hora, el resplandor que emana del fondo azul suprime estos matices y presta a la estructura blanca una tonalidad limpia y nítida, de cosa nueva colocada entre otras cosas nuevas, como lo son las luces encendidas, que no deslumbran -el fondo luminescente contrarresta y suaviza su intensidad-, sino que se presentan simplemente como una esfera luminosa sostenida en el aire por un elegante poste blanco y rematadas por viseras de temporal del mismo no-color, acuoso y evanescente. Quiero decir, con todo esto, que paseo literalmente dentro de una postal, demasiado hermosa para ser del todo verdadera. La impresión dura apenas unos minutos, y es curioso que el aumento de intensidad lumínica no redunde, en este caso, en una mayor nitidez de las formas e intensidad de los colores. Llega el día y todo adopta una especie de tonalidad apagada, mate, de cosa expuesta a la intemperie y prematuramente desgastada. Pero que guarda dentro de sí -y éste es nuestro secreto, que no queremos compartir con nadie- la desconocida intensidad de lo que se estrena sobre el mundo por vez primera, y sólo para mis ojos.


*

"¿Te ha gustado el libro?", pregunta este bibliotecario a la chica a la que prestó hace tres semanas el primer tomo de una edición española de Las crónicas de Narnia. "No sólo me ha gustado, sino que también le ha gustado a mi madre,  y nos hemos dado cuenta de que esta edición no sigue el orden de la serie, así que hemos buscado la primera entrega, que se llama... cómo se llama... El león, la bruja y el armario, para leerla en su orden verdadero. Vamos ya por la segunda, El príncipe Caspian".

Es más de lo que cualquier bibliotecario esperaría. Le comento a la chica que yo, como su madre, también me leí esos libros a la vez que los leía mi hija, y que me gustaron tanto como a ella, o quizá incluso más, porque evidentemente hay detalles, reticencias, alusiones a la actualidad, etcétera que están claramente dirigidas por el autor a la complicidad de los adultos. Y pienso que quizá los libros verdaderamente grandes son siempre así: no tienen edad. (Miento: qué niño puede entender, por ejemplo, las novelas de Tolstói o Dostoievski; pero se me ocurre que incluso estas excepciones se podrían argumentar).

 

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