Lo contrario también


22/1/2020

Al girar con el coche en una rotonda, a la entrada del polígono industrial que atravieso todos los días de camino al trabajo, casi rozo la panza de una bandada de estorninos que en ese momento cruzaba la carretera en dirección, me parece, al posible refugio que podrían proporcionarles los árboles del paseo marítimo que acabo de dejar atrás. Vuelan tan bajo, supongo, por causa del temporal; pero, a pesar de que la visión casi a ras de suelo de esa enorme burbuja hecha de muchos pájaros da cierta impresión de pesantez, como si fueran las nubes y el agua lo que impide que la bandada remonte, al final lo que se impone es la impresión opuesta, la idea de perfecta armonía entre muchas individualidades que inconscientemente colaboran para moverse en el espacio como una pompa voluble y ligera. Es el milagro del día, y lo es precisamente porque los elementos han querido que ocurra casi rozando mi parabrisas, incorporándolo a un recorrido que -pienso ahora en los flamencos, en las urracas, en las retamas florecidas-, a pesar de lo rutinario, no carece precisamente de ellos. Y muchas veces son ellos los que me predisponen a que el día sea mucho mejor de lo que cabía esperar.

*

El infierno son los otros, sí, en tanto que algunas de nuestras peores pesadillas son las que nos llevan a imaginar que llevamos las vidas -perfectamente normales, eso sí, e incluso cabría decir que afortunadas- que llevan otros. 

Seguramente lo contrario también ocurre.

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