Parásitos



8/3/2020

Anoche en el cine. A la salida, observo que, en los servicios, todo el mundo se lava concienzudamente las manos. Efectos de la epidemia, sin duda: el contagio, al parecer, puede evitarse con esta y otras elementales medidas de higiene. Otra cosa es que nos resignemos a no darnos la mano para saludar. El otro día le pregunté a un conocido, antes de alargarle la mía: "¿Eres de los que dan la mano o de los que no la dan?". Se encogió de hombros con una sonrisa y me ofreció la suya. 

Me pregunto, si la cosa se agrava, cuánto tiempo durarán estas bromas.


*

En cuanto a la película, Parásitos del surcoreano Bong Joon-ho, me llama la atención su capacidad para, sin forzar el argumento más o menos "realista", presentar una serie de situaciones que casi de inmediato derivan a poderosas metáforas: la lluvia, por ejemplo, que inunda los barrios pobres y hace que miles de personas hayan de dejar sus casas anegadas y pasar la noche en un polideportivo, mientras que, para los ricos, "limpia la atmósfera" y da paso a un día esplendoroso en el que celebrar una fiesta al aire libre en los jardines de sus casas; o el hecho de que, bajo la casa rica que sirve de escenario a buena parte de la acción haya, sin que sus dueños lo sepan, un búnker subterráneo de tiempos de la guerra y en él habite un peculiar "fantasma": todo un símbolo, que vincula el antiguo conflicto entre las dos Coreas y los endebles fundamentos del aparente conformismo que parece dominar la sociedad surcoreana. 

Como me ocurrió con Joker, lo que me admira de la película, e incluso me anima a reconsiderar mi veredicto más bien desfavorable sobre el estado del cine contemporáneo, es su capacidad de diagnosticar un malestar muy actual y especialmente patente desde que se declaró en tono a 2007 la crisis económica que todavía nos atenaza: la conciencia de que ha terminado el ciclo de aparente nivelación social y atención pública a las necesidades de los desfavorecidos con el que, en su día, las economías capitalistas intentaron blindarse contra el contagio del comunismo. El capitalismo contemporáneo, por el contrario, se ha vuelto cínico y descarado, a la vez que insensible. Es la insensibilidad que revela la familia rica que, en la película, sufre una especie de invasión de su espacio por parte de una familia de "parásitos" pobres, y que tiene su contrapartida en la desesperación que mueve a los "invasores" y desencadena el desenlace. Como también demuestra en la otra película suya que he visto, Mother (2009), Bong Joon-ho acierta a la hora de urdir historias que pongan de manifiesto ese malestar latente y todavía no encauzado. Y llama la atención que un arte y una industria indisolublemente unidos a las condiciones económicas actualmente existentes se permita formular sin remilgos, e incluso con gran éxito de público en los casos citados, diagnósticos tan precisos de esta explosiva situación.

Un factor adicional de satisfacción, para mí, mientras veía la película y al final de la misma: a buena parte del nutrido público adulto que casi llenaba la sala no le gustó. Se les veía incómodos, contrariados, como si, a pesar de que casi con toda seguridad ninguno de ellos vivía en la opulencia de la familia burguesa retratada en la película, todos veían en los otros, los "parásitos", una posible amenaza a su propio bienestar. y esa capacidad de incomodar sin duda es un mérito de la propia película. 

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