POESÍA ÍNFIMA

14/3/20

Seguimos dentro del argumento de una mala película. Fuimos ayer a hacer la compra semanal y nos encontramos con que el supermercado habitual la gente había arramblado ya con muchos artículos de los que suelen considerarse de primera necesidad: leche, carne, algunas legumbres, jabón de manos y... papel higiénico. Especialmente de esto último anda la gente acumulando cantidades ingentes, sin que uno se explique por qué: si lo que se teme es que la pandemia obligue a una reclusión forzosa en casa, en casi ninguna falta un bidé en el que ejecutar, en fin -y qué pena que estos asuntos más bien excusables ocupen ahora un lugar tan prominente en nuestras reflexiones-, las necesarias tareas de higiene personal... Un amigo sociólogo me dice que el papel higiénico se ha convertido en icono de la presente crisis, y que, por tanto, la gente se lanza a la calle a buscarlo y acumularlo por una especie de pulsión totémica: tener decenas de paquetes de rollos de papel higiénico en casa les da seguridad, del mismo modo que, en otras épocas y circunstancias, esa misma gente hubiera erigido en sus casas altares a la Virgen o encendido cirios en honor de tal o cual santo. Podría decirse del papel higiénico lo que Wallace Stevens cínicamente decía del dinero: que es... a kind of poetry. Hay una poesía asociada al hecho de que recurramos a los símbolos para conjurar nuestros terrores. Si acaso, lo que se podría reprochar a los acaparadores del preciado bien en cuestión sería, aparte de su flagrante incivismo, su falta de tino para haber elegido un símbolo más digno. Poesía sí, pero de la ínfima, de la que suele expresarse en pareados que se garrapatean en la puerta del retrete.

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