Atenuantes

16/9/2020

Venir aquí a anotar que uno se siente febril casi podría suponer una autoinculpación por no cumplir con el deber elemental de informar de ello a los responsables sanitarios. Pero mi sensación de destemplanza no alcanza los niveles de lo que los sanitarios llaman "fiebre" y se reduce al malestar que me causan la sucesión de noches mal dormidas, las situaciones de estrés y cansancio y posiblemente ese cuadro estacional al que repetidamente aludo en este diario y que los médicos anticuados llaman "fiebres reumáticas" y atribuyen a una suma de factores tan volátiles e imprecisos como los que acabo de señalar. El caso es que, en vez de mis benditos 36ºC, tengo 36,8... Le describo el cuadro a una de mis veteranas compañeras, que me dice: "Estás igual que yo, sólo que no creo que por las mismas causas".

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Este administrativo con aficiones flamencas me dice que me conoce desde hace años y que coincidió conmigo en torno al año 86 en una fiesta en un piso de estudiantes en la que él hizo sus cantes y otro conocido común tocaba la guitarra. No termino de recordar ese sarao, pero la verdad es que asistí a tantos en aquellos años míos de universidad que no sería raro haber olvidado algunos. Ahora otros vienen a recordármelos, como imagino que, en el Día del Juicio, alguien me mostrará un pliego con todos mis pecados y me dirá que la alegación de haberlos olvidado no sirve de nada como atenuante.

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