No del todo


6/9/2020

Cosas que dejas al filo del olvido si no vienes a anotarlas aquí: por ejemplo, la bandada de estorninos que estaba posada en los arbustos recrecidos de la carretera del polígono industrial y que echaron a volar justo a mi paso, cubriendo por unos segundos mi campo visual y dejando en el resignado desánimo con el que empezaba el día -ya ni recuerdo a dónde iba ni para qué- un inesperado punto de asombro y algo así como una predisposición a otros pequeños o grandes deslumbramientos que en principio no figuraban en el plan al que había de ajustarse la jornada. 

Pero ahora recuerdo a qué iba: a dejar el coche en el taller, lo que me obligó a hacer el trayecto de vuelta en tren. Levanté la vista del libro que iba leyendo justo cuando el convoy enfilaba la curva que ciñe el saco interno de la bahía: la mar, por efecto de la luz sobre los pliegues que le imprime el viento, presenta un extraño azul eléctrico casi irreal, como si fuera el resultado de una manipulación fotográfica y no de la mera luz de la mañana. Tomo nota mental de este segundo milagro. Y pienso que un día que empieza con esos inesperados dones no puede ser del todo malo.




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