Un cuento


27/9/2020

Me cuenta C. que en el barrio barcelonés al que se ha mudado hay una calle llamada "de Neopàtria" y que ese nombre le ha llamado la atención, quizá por las resonancias que le parece percibir en él. Y yo celebro que el azar me brinde la ocasión de un modesto alarde de erudición -de pedantería, en fin-, más debido a la casualidad que a otra cosa. Le cuento que los catalanes fueron toda una potencia naval y militar en el siglo XIV y que ello les llevó a arrebatar territorios al imperio bizantino y establecer en ellos ducados gobernados por sus caudillos militares: entre ellos, el de Neopàtria, en la Tesalia. Le hablo también de los almogávares, una especie de cuerpo de mercenarios procedentes de las tierras altas de Aragón, y del asesinato a traición de su jefe, Roger de Flor, por parte de los bizantinos, lo que dio lugar a lo que todavía se conoce como "venganza catalana"... Me pregunta C.: "¿Y tú cómo sabes todo eso?". Le desgrano entonces la cadena de casualidades, que se remonta a mis tiernos once años. En mi casa entonces apenas había libros: quizá el tomito gris de la Enciclopedia Universal Herder, que yo ya empezaba a hojear con fruición en busca de explicaciones sexuales y fotos de nativas y de estatuas de diosas, y algún que otro título de la colección Historias Selección, de Bruguera, tal vez Las aventuras de Tom Sawyer, que creo recordar que fue el primero que leí. En esas condiciones, una tía mía suscrita a Círculo de Lectores se ofreció a regalarme un libro, a la vista de que a mí me gustaba leer, y me permitió elegirlo en la revista mensual que dicho "club del libro" enviaba a sus suscriptores. Le di muchas vueltas a esa revista. Quizá en esa época no incluyera, como sí ocurrió después, una sección de libros infantiles y juveniles, así que la elección se circunscribía a novelas para el público general. Entre ellas, la que más me atrajo fue una que la revista presentaba bajo una ilustración que mostraba una vistosa escena de batalla medieval: se trataba de Bizancio, una voluminosa novela histórica de Ramón J. Sender, en la que se contaban precisamente las hazañas de Roger de Flor, su muerte a traición y la posterior venganza de los suyos. 

Fue esa lectura -la primera novela "adulta" que leí en mi vida- la que me llevó a buscar en la mencionada Enciclopedia Universal algunas aclaraciones respecto a quiénes eran los almogávares y qué pintaban aragoneses y catalanes en el Mediterráneo oriental en esa época. Y de ahí viene que ahora, más de cuarenta años después. yo pueda referir estos hechos a mi hija de veinticinco años y que ella los reciba, creo, como un cuento más de los muchos con los que su padre se ha empeñado siempre en distraerla. Se da la circunstancia, además, de que la conversación transcurre de madrugada, por whatsapp, justo antes de que los dos, cada uno en su casa y con muchos kilómetros de por medio, nos vayamos a dormir.

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