Dejarse llevar

19/10/20

Desde la parada del autobús, convenientemente a resguardo del levante, veo a un pájaro alzar el vuelo. No sé de qué especie es, un avión quizá. El viento lo voltea y empuja y arrastra de acá para allá, sin que el pájaro parezca capaz de decidir su camino. Sin embargo, pronto compruebo que esa incapacidad es sólo aparente. Más que dejarse empujar y zarandear, lo que hace es reservar sus fuerzas y valerse de las de su aparente contrincante, el viento. De hecho, aunque la trayectoria sea zigzagueante, pronto queda claro que el pájaro avanza en la dirección deseada, y que sólo se deja llevar por los elementos cuando éstos favorecen su propósito. Cuando no, un leve aleteo, que casi no parece implicar esfuerzo, le permite rectificar cualquier posible desviación inducida por una ráfaga a destiempo. Poco a poco, con una mezcla característica de determinación y pasividad, lo veo perderse tras la manzana de altos edificios que parecía empeñado en sortear. Yo aquí, en la parada, miro la hora en la pantalla del móvil y me impaciento ante la tardanza del autobús, como si eso sirviera de algo.

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Dos extraños que se cruzan en un extrarradio siempre desconfían el uno del otro. Saludarse, en estos casos, aliviaría considerablemente la tensión. Pero casi siempre optamos con pasar en silencio junto al extraño, si acaso dirigiéndole una mirada de soslayo que, casualmente, coindide con otra suya igual. Y seguimos adelante, después de habernos perdonado mutuamente la vida.

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Sospecho que la postura socrática de dejarse matar antes de incumplir las leyes de la polis no es sino una sofisticada vuelta de tuerca al impulso contario, mucho más común, de desobedecer esas leyes por el mero placer de hacerlo. Pienso en ello mientras repaso algunas noticias recientes relacionadas con los incumplimientos de las normas sanitarias a propósito de la pandemia: quizá los obedientes lo seamos, no tanto por convicción, como porque con ello nos sabemos infractores de otra norma aún más onerosa y más generalmente aceptada: la que lleva a tantos a alardear de desobedientes.

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