Indeciso


8/10/2020

Ayer en la tertulia se propuso que leyéramos cada uno un poema que nos pareciera verdadera poesía, aunque fuera de un autor desconocido, y otro que careciera de ella, aunque estuviera firmado por un poera prestigioso. En ambos casos se precisaba que el poeta fuera contemporáneo, para que no nos aferrásemos, supongo, a los clásicos indiscutibles. Yo elegí, para lo primero, "Los poetas", un poema de Fernando Quiñones que siempre me ha gustado porque incluye una convincente y nada pretenciosa definición de lo que es poesía: "tres, cuatro palabras / que no se habían juntado antes / o nunca habían sonado de aquel modo, / y que dejaban dicho algo, / sencillo acaso como ellas, / pero tan verdadero, tan nuevo y tan antiguo / que os suspendióy enmudeció un instante, / como a algunos de los que os escuchaban". No sé si convencí a alguien, o siquiera si leí el poema lo suficientemente bien para que llegara su mensaje. Es lo que tienen estos intercambios. Me da la impresión de que los otros contertulios tampoco lograron aducir poemas que suscitaran grandes entusiasmos. Lo otro fue más fácil: todos los ejemplos de mala poesía o no poesía que se adujeron fueron aceptados como tales. Y tal vez la conclusión que se puede sacar de todo esto sea que el arrebato poético es difícilmente argumentable, y que contagiar el propio entusiasmo es poco menos que imposible, aunque sí sea hacedero transmitir lo contrario: la fuerza del reparo que nos impide asentir a las pretensiones de un posible mal poema. Quizá haya que conformarse con dejar constancia de lo leído y apreciado y... esperar, en la seguridad de que el tiempo propiciará en otros ese mismo entusiasmo y que de alguna forma se irán definiendo consensos más o menos orientativos, aunque tampoco nunca definitivos.

*

Lo verdaderamente difícil es elegir. Salir por la puerta implica ya una decisión que excluye otras posibilidades: por ejemplo, quedarse en casa. Incluso respirar, que parece un acto reflejo, tiene algo de esfuerzo voluntario por mantenerse vivo, frente a la otra posibilidad, que sería... ahogarse. Incluso abstenerse de decidir es tomar una decisión. Y con este pobre bagaje está uno condenado a afrontar los tiempos que corren.

La indecisión, de todos modos, tan literariamente atractiva desde la invención del personaje de Hamlet, e incluso antes, con Edipo, está muy sobrevalorada. 


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