La donnée

25/10/2020

Anteayer me levanté cojeando y, después de una mañana de trabajo, el dolor en la base del talón izquierdo no me deja apoyar el pie. Ayer fui al médico y me diagnosticó una fascitis, por lo que tendré que permanecer varios días en reposo. Hay quien me dice que esto puede durar meses, pero lo cierto es que, después de tomar el primer analgésico, me siento casi bien y me digo que en dos o tres días habrá pasado la molestia. Demasiado optimista: el dolor sigue ahí al día siguiente. Así que hago planes para pasar estos días de confinamiento individual que me parecen un prólogo del otro que viene, el colectivo, el que habrán de decretar las autoridades más pronto que tarde si quieren poner freno a la nueva expansión pandemia. No deja de tener su cosa esto de estar sujeto a un padecimiento, digamos, meramente individual en medio de un padecimiento colectivo que parece anular todas las diferencias y volver irrelevantes el resto de las enfermedades, por graves que sean. No es el caso, por suerte, de mi modesta lesión. Y aquí estoy, recluido en mi estudio. He pasado la mañana pintando acuarelas. Por la tarde corregiré tareas de mis alumnos y luego leeré. Mañana ya veremos.

*

Espléndido día de otoño, que disfruto desde el balcón. Nubes densas, aborregadas, no demasiado amenazantes, mar en calma, silencio de mañana de domingo. Si uno confrontara esta donnée, que diría un filósofo, con toda esa avalancha meramente verbal por la que nos enteramos de los horrores del mundo, la elección respecto a qué fuente atender debería estar clara. Y quizá lo que aquí falla es este modo de vivir como despegados de lo inmediato, que es lo que realmente cuenta: esas nubes como dibujadas, esas aguas como espejos, esta tranquilidad de mañana festiva. Lo otro ya llegará, si llega.


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