Polémicas



26/11/2020

No entro a discutir el fondo de la polémica que se ha suscitado en España en torno a la poeta norteamericana Louise Glück, flamante premio Nobel de literatura. La obtención de ese premio, al parecer, ha llevado a esta hasta ahora poco conocida escritora a poner su obra en manos del dicen que temible agente literario Andrew Wyllie, por mal nombre "El Chacal"... Y eso ha redundado en que éste haya reexaminado los asuntos de su nueva clienta y decidido que el editor que hasta ahora había tenido en España no le convenía... Insisto: no entro en el fondo de la cuestión. ¿Qué sabe un oscuro poeta de provincias de estos asuntos? Aunque uno, ejem, haya publicado con esa misma editorial el mismo número de libros (siete) que la mencionada poeta laureada, y quizá por ello tenga algún derecho a equipararse, al menos en sus fantasías privadas, a toda una premio Nobel, con quien comparte editor y la evidencia, en absoluto desdeñable, de haber merecido de él la misma estima y trato que la autora ahora favorecida por la fortuna. 

Dicho esto, no tengo más remedio que consignar también que, independientemente de lo que me parezca que una poeta en la cumbre de su fama dé la espalda a quien fue su editor en tiempos de vacas flacas, no termina de gustarme el tono de la polémica suscitada. Y no lo digo ya por el editor, a quien supongo justamente dolido, sino por todos aquellos que, haciéndose lenguas de la presunta injusticia, han querido promover una especie de boicot nacional a la poeta premiada. Qué buena excusa, diría uno, ha proporcionado Wyllie al coro de quienes jamás se avendrán a aplaudir a una colega que acaba de ver premiado su trabajo de toda una vida. No es el primer premio Nobel al que la grey literaria española somete a linchamiento. Y eso da que pensar.

No es que a mí, en fin, me guste mucho la poesía de Glück. Por lo que he rebuscado por ahí, me da la impresión de que sus primeros poemas, los escritos hace medio siglo, eran más interesantes, maduros y complejos que los que ha escrito luego y a los que debe su fama. Podríamos resumir su trayectoria de este modo: alguien que empieza a escribir en el tono escéptico y contenido de un gran poeta conversacional del medio siglo -piénsese en un Gil de Biedma o un Philip Larkin, pongo por caso- y termina rondando las maneras juguetonas de una Alejandra Pizarnik o una Gloria Fuertes -podríamos mencionar aquí también a la Szymborska, si no fuera porque hay algo en la poesía aparentemente sencilla de esta gran poeta que la eleva muy por encima de cualquier posible parangón.

De todo esto puede deducirse que no me interesa mucho la poesía de Glück, como no me interesa mucho la de otros poetas americanos del mismo registro un tanto infantiloide, desde Shel Silverstein a Maya Angelou. Pero eso es lo de menos en el caso que nos ocupa. A una poeta discreta y sin apenas lectores le ha tocado la lotería de un premio importante, y los vericuetos de la a veces tortuosa vida editorial han proporcionado a la paupérrima prensa cultural española y a una parte de los portaliras -tomo el término de Valle-Inclán- nacionales un motivo para manifestar en público su disgusto ante el bien ajeno. Todo quedará en agua de borrajas, porque ya se sabe que nada que concierna a la poesía interesa largamente a la prensa o afecta profundamente a según qué públicos. 

Añadamos, a modo de recordatorio, dos notas más: el cinismo de las grandes editoriales vinculadas a grupos mediáticos al afirmar que no van a interesarse por publicar la obra de Glück por "solidaridad" (sic) con el pequeño editor postergado; y la curiosa mescolanza que siempre se produce en la consiguiente lista de abajofirmantes promovida a propósito del caso; y en la que no faltan, todo hay que decirlo, autores a quienes sus propios y legítimos intereses llevaron hace lustros a abandonar, como ahora hace Glück, a esa misma editorial en la que se dieron a conocer.

Y en eso estamos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Otro ensayo de despedida

A mí no

Un mundo oculto