Instrucciones para un naufragio (decálogo)


21/12/20

En caso de naufragio, cédele siempre el salvavidas a otro. Nada garantiza que la vida que le quede por vivir vaya a ser mejor o más valiosa que la que pierdes en el cambio y mejoras con tu último gesto.


En caso de naufragio, confía en el azar, que es quien pone islas desiertas al buen tuntún en medio del océano.


En caso de naufragio, no sufre menos quien sabe nadar. Si acaso, es quien peor lo pasa.


En caso de naufragio, la discusión sobre qué fue lo que provocó la vía de agua es mejor aplazarla hasta que los supervivientes estén a salvo. Aún así, sólo merece la pena participar en ella si uno tiene planeado hacer otro viaje por mar.


En caso de naufragio, no nos conciernen tanto los detalles técnicos sobre sus causas concretas como el designio general que dicta que estas cosas ocurran. Hablar del sentido de la vida puede ser un buen modo de pasar el tiempo sobre el madero que flota.


En caso de naufragio, hay que reconocer que, si bien puede resultar útil seguir obedeciendo al capitán del barco, su credibilidad es posible que se haya resentido un tanto.


En caso de naufragio, el optimista y el pesimista tienen idénticas posibilidades de salvarse. Pero sólo uno de ellos se arriesga, llegado el caso, a morir decepcionado.


En caso de naufragio, no hay que olvidar nunca que el azar suele andar escaso de imaginación: después de hacer que se hunda el barco, no hay que descartar que no se le ocurra otra cosa que hacer que se hunda también el bote salvavidas.


En caso de naufragio, incluso los ateos estamos dispuestos a afirmar que Dios no pesa ni ocupa sitio en el bote salvavidas.


En caso de naufragio, los tiburones son siempre redundantes.

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